Intercambio de animales entre zoos: el tráfico legal del sufrimiento

Intercambio de animales entre zoos: el tráfico legal del sufrimiento

Miles de individuos son intercambiados entre zoos del mundo anualmente. El Living Planet Index ha revelado que las poblaciones globales de animales disminuyeron un 58% entre 1970 y 2012 y que podríamos presenciar un descenso de dos tercios hasta 2020. Paralelamente, el número de zoos en Europa no ha dejado de crecer y fortalecerse. El modelo de conservación que defienden los zoos actualmente se basa en reproducir y mantener animales en cautividad mediante planes de colección y gestión sin efecto alguno en la conservación de los animales en la naturaleza, pues en la gran mayoría de los casos no se contempla la reintroducción de individuos. Estos planes de conservación ex situ conllevan el intercambio masivo de animales entre zoos y dar muerte a aquellos individuos para los que que no encuentran un nuevo destino.

Bajo el paraguas legal de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios), una institución privada de la que forma parte el zoo de Barcelona junto con cerca de 400 zoológicos más, estos centros reproducen animales en cautividad, siendo escasísimos los programas en los que intervienen de forma efectiva para reintroducir sus animales o proteger sus hábitats.

Su argumento es que si la especie desaparece en la naturaleza, en los zoos habrá el número suficiente de individuos que garantice salvar la especie, siendo secundario el problema de la imposibilidad de reintroducir a la mayoría de animales criados en cautividad. Es obvio que la disminución de las poblaciones de animales en la naturaleza no son causadas directamente por los zoos, lo que sí es cierto es que la forma de trabajar de los zoos actuales no contribuye de forma efectiva y eficiente a frenar esta pérdida de poblaciones en la naturaleza. Es más, el modelo actual de zoo cumple con la siguiente círculo vicioso: cuanto peor le va a la naturaleza y más especies se encuentran en peligro de extinción, mejor le va a los zoos puesto que más especies tendrán en cautividad en sus instalaciones.

Este modelo de conservación redunda en que, para evitar problemas de estabilidad de grupo, el mantenimiento genético de las poblaciones, etc., miles de animales deben ser intercambiados entre los zoos del mundo anualmente, causándoles estrés, ansiedad y conflictos, debiendo ser medicados muchos de ellos. Además, cuando una cría nace pero ni el propio zoo ni otros la quieren o tienen espacio para alojarla, la matan. Esta es una práctica legal conocida como culling que se encuentra recogida en el manual de buenas prácticas de la EAZA. Entre 3000 y 5000 animales mueren anualmente en los zoos europeos mediante esta muerte legal.

No deja de ser paradójico que en la naturaleza estén desapareciendo los animales y los zoos tengan que matar individuos para el mantenimiento de sus poblaciones cautivas. La superestructura de los zoos europeos debería suponer un beneficio directo para la supervivencia de los animales que se encuentran en peligro de extinción en la naturaleza. Especialmente los zoos públicos, como es el caso del zoo de Barcelona. La conservación que defienden se refiere a la conservación de las poblaciones zoológicas y no a la de la conservación de las poblaciones en la naturaleza.

Es urgente frenar el intercambio de animales entre los zoos, es urgente parar el sufrimiento silencioso de millones de animales y la mercantilización de sus vidas.