La pandemia pone a prueba la fortaleza económica de los zoos para proteger a los animales

La pandemia pone a prueba la fortaleza económica de los zoos para proteger a los animales

» Diversos zoos del mundo, entre Europa, Estados Unidos, Latinoamérica y Asia, han comenzado a solicitar aportes y donativos para “mantener” a los animales en medio de esta crisis socio técnica provocada por la COVID19. 

» Los zoos deberían justificar muy bien cuáles son las razones por las que vale la pena mantener a animales en cautividad, cuando no son capaces de garantizar su subsistencia y bienestar ante la mínima emergencia. Nos preguntamos, ¿qué harán ante el colapso climático y sus consecuencias eco sociales? 

Mi google alerts me envía todas las noticias con la palabra “zoo” desde hace más de 11 años, desde que empezamos nuestra campaña contra el todavía retrógrado zoo de Barcelona. En medio de la crisis socio técnica de la COVID19, la palabra “zoo” venía fundamentalmente asociada a las enfermedades zoonóticas, ya que las más letales pandemias y epidemias de la historia tienen origen en el consumo de animales y la COVID19 no es una excepción. Pero de pronto, desde el jueves por la tarde, comenzaron a llegar de forma permanente noticias de zoológicos de distintas latitudes del mundo: Inglaterra, Galicia, Italia, Colombia, Ecuador, México o Estados Unidos, entre otras latitudes, pues muchos zoos comenzaron campañas en redes sociales y en medios de comunicación, casi al unísono, para solicitar donativos que les ayuden a mantener a los animales en tiempos de crisis. Algunos, incluso, con llamamientos desesperados que dicen que no van a poder alimentar a los animales a partir de “mañana mismo”. 

Las pandemias o las catástrofes, observándolas como elementos emergentes, ponen en evidencia situaciones previas que en el común cotidiano no son tan visibles. Así un terremoto de 7.0Mw en Haití generó 316.000 muertos, y un terremoto de 9.1Mw en Japón dejó 22.000 muertes. El terremoto en Ecuador, que afectó a varias ciudades del país, dejó destrozos y víctimas considerables en todas estas ciudades, pero destrozó por completo la ciudad de Muisne, en Esmeraldas, donde reside de forma casi segregada la mayor parte de la población negra del país, poniendo en evidencia un racismo histórico en el desarrollo de estructuras tanto públicas como privadas que, dada su precariedad, no pudieron soportar ni el mínimo temblor. El temblor no fue racista, pero dejó en evidencia el racismo histórico. 

En este caso, la crisis socio técnica de la COVID19 deja en evidencia la precariedad de los zoos y lo expuestos que están los animales a sufrir en sus carnes cualquier situación que altere el orden de lo cotidiano común. Los zoos no son lugares seguros para los animales, nunca lo fueron, y hoy lo vemos. Los zoos, que históricamente retiraron – y todavía hoy retiran- animales de la naturaleza disque “para protegerlos” o “para conservarlos” o “para educar” (tal y como reza el plan estratégico del zoo de Barcelona), y que se han servido económicamente de esa cautividad nauseabunda provocándoles sufrimiento y menguando poblaciones en libertad, resulta que ahora ya no pueden ni protegerlos ni conservarlos ni educar, y apenas llevamos unos días de colapso social y económico debido a la pandemia. ¿Qué harán ante el colapso eco social que se avecina en pocos años? ¿O se van a convertir también en negacionistas de la emergencia ambiental? ¿Qué harán cuando el problema no sea sólo económico, cuando no solo no tengan dinero de las entradas, sino que las cosechas fracasen por el colapso de ecosistemas y simplemente no haya qué comprar aunque se tenga el dinero para hacerlo? Mientras tanto siguen reproduciendo sus esclavos del show del “pasen y vean”, siguen capturando animales de entornos naturales (con suerte y empeño en Agosto de 2019 logramos prohibir que dejen de hacerlo con elefantes bebés, imagínese las demás especies) y siguen apostando por políticas internas anti ambientales. Y a la vez hay que soportar el insulto que supone escuchar “es que aquí están protegidos, en la naturaleza no tienen el alimento garantizado”. Y ya vemos que en vuestras jaulas tampoco.

Los únicos zoos que han logrado justificar la cautividad son aquellos cuyos animales acaban allí porque vienen de situaciones peores, donde el zoo es la solución y no el problema. Pero esos son pocos. En Europa, casi ninguno. En Latinoamérica, algunos. 

Es probable que si las y los defensores de las jaulas eternas están leyendo este artículo piensen que esto solo sucede en zoos de bajo calibre, los “zoos malos” que suelen decir; los zoos buenos, los zoos del futuro, esos no, esos tienen garantizado el alimento. Estos carceleros se sorprenderían si entran en la web de la Asociación Mundial de Zoos y Acuarios, WAZA (World Assosiation of Zoos and Aquariums) con 400 zoos miembros alrededor del mundo y que dicen de sí mismos ser una organización científica y conservacionista, de la que forman parte aquellos que se auto proclaman “los mejores zoos del mundo” (como el de Barcelona), ha puesto en marcha una recogida de dinero para destinarla a los zoos de su asociación bajo el lema “Zoo and Aquarium Emergency Operating Funds”. La operación de recaudación fue puesta en marcha ¡el 18 de marzo! Apenas llevábamos unos días de confinamiento en los países europeos, ¿y ya no tenían dinero para alimentar a sus animales? ¿Tan poco les duró la “seguridad” de la que tanto alardean? 

Nuevamente una emergencia deja en evidencia situaciones de precariedad previa. Nuevamente, ante una emergencia, salen los oportunismos más descarados disfrazados de ONGs y almas caritativas. No tienen vergüenza, y ahora tampoco tienen dinero. El precio no lo pagarán los carceleros, el precio, como siempre, lo pagarán los encarcelados. 

Pero he decidido acabar el artículo con una propuesta y una idea de oportunidad. En Ecuador, gracias al temblor y a la disposición del gobierno en funciones por aquel entonces, se creó el Comité de la Reconstrucción que tuvo la misión de atender a quienes fueron afectados. Una de las formas era con la vivienda, construcción de hospitales, carreteras, sistemas eléctricos y más. Para recaudar el dinero se crearon impuestos y se recibieron donaciones. Gracias a esta determinación política, apenas un año después, todas las personas que habían sido ubicadas en campamentos provisorios estaban abandonando dichos espacios pues sus nuevas y mejores casas ya estaban construidas. El terremoto puso en evidencia un problema histórico, pero también fue el impulso para una solución de raíz que de otro modo habría sido imposible aplicar. ¿No estaremos ahora frente a ese mismo contexto? ¿No será ésta la oportunidad de los zoos para hacer un ejercicio de humildad y reconocer que no son capaces de cuidar a los animales ante emergencias de este tipo? ¿No será ésta la oportunidad para ponerse del lado de quienes pretenden menguar el impacto de la emergencia climática? Yo creo que sí. Dejad de reproducir y capturar animales, os estamos esperando del lado de las soluciones y deseando que dejéis de ser el problema. 

 

Leonardo Anselmi, coordinador.