Storma, la orangután sueca que no se integra en el Zoo de Barcelona

Storma, la orangután sueca que no se integra en el Zoo de Barcelona

La plataforma animalista ZOOXXI cuestiona los intercambios de animales entre zoológicos para reproducir especies en peligro de extinción, mientras que en el zoo las defienden para preservarlas

Storma es la nueva orangután del Zoo de Barcelona. Llegó en febrero procedente del zoológico sueco de Boras, pero desde el principio su adaptación no ha resultado fácil. Así lo revelan documentos internos de la equipación, en los cuales se relata un episodio especialmente violento. Cuando Storma se encontró con Karl, el macho dominante del parque barcelonés, él se abalanzó sobre ella. Storma consiguió escapar, pero Karl optó por inmovilizar a Jawi, otra hembra que había acudido a defender a su nueva compañera. Estuvo retenida durante más de seis horas, durante las cuales se produjeron “múltiples forcejeos, cópulas y marcajes”, expone uno de los informes de seguimiento de estos primates, que en el mundo están en peligro crítico de extinción.

El episodio se vivió el 9 de abril, cuando Storma, que ya había cumplido los nueve años, llevaba poco más de dos meses en la capital catalana. Karl no le perdonó a Jawi, nacida a Barcelona hace 20 años, que hubiera osado interponerse entre él y la nueva integrante, y le dejó claro quién mandaba en el grupo. Jawi pagó el atrevimiento con seis horas de “rehén” –se escribe en el documento- en manos del macho, originario de Dublín y que también tiene 20 años. Para conseguir que la soltara, se le tuvo que administrar tratamiento oral y pincharlo, pero no fue fácil. A las 13.30 h, cuando ya habían pasado más de cuatro horas de retención, parecía que se dormía, pero al mínimo estímulo se despertaba y mantenía fuertemente atrapada a la otra orangután.

“Al menos ya no le muerde”, continúa el informe, al cual ha tenido acceso NacióDigital. Cuando Jawi se pudo separar, Karl estaba enfadado dando vueltas hasta que se desplazó a su dormitorio. Durante los ataques ella expulsó muchos mocos blancos y amarillos, y se le administró antibiótico y un antiinflamatorio para mitigar el efecto del forcejeo. Desde este episodio han transcurrido más de cuatro meses y ya hace medio año que llegó Storma, pero todavía no se ha podido realizar una integración completa. El macho vive por un lado, y las cuatro hembras y el macho joven –Balú, que es hijo de Karl- por otro. Los responsables del Zoo solo entreabren una puerta que separa los dos ambientes, y que les permite a ellas pasar si quieren, pero le impide a Karl acceder a la zona de las hembras.

La cópula para dominar las nuevas hembras

“No había ningún problema con nadie hasta que llegó Storma”, admite la conservadora de primates del Zoo, Maria Teresa Abelló, que acumula una dilatada experiencia con estos animales. “Hace 30 años que intento que estén mejor aquí y fuera de aquí”, subraya. El episodio vivido con la nueva orangután, que asegura que “no tuvo heridas graves”, considera que no es nada anómalo, ni tampoco se habría evitado en el hábitat natural. “En la naturaleza es más agresivo”, resalta Abelló, si bien reconoce que allí existiría la posibilidad de escapar campo a través para una hembra que se encontrara en una situación similar. Ante la llegada de una nueva componente en el grupo, el proceder “más habitual” del macho en relación a la hembra lo describe así: “Abrimos la puerta, la cogerá, acabará copulando y la dominará”.

Después de los hechos del 9 de abril, ni Storma ni Jawi se han atrevido a traspasar la puerta que conduce hacia donde está el macho. La orangután más nueva del Zoo permanece siempre en el espacio de las hembras, y acostumbra a estar muy cerca de la más veterana del grupo, Locky, que ya tiene 35 años y protege a Storma como si fuera una madre. El episodio primaveral no es el único documentado donde se muestran las dificultades por las cuales ha pasado el primate procedente de Suecia. Varios informes relatan que cuando llegó en febrero, estuvo medicada con un antipsicótico y que se hizo heridas profundas en las manos al cortarse con los alambres de protección de una claraboya, hasta el punto que se tuvieron que retirar.

Para la plataforma ZOOXXI, que ha empujado al Ayuntamiento a debatir sobre un cambio de modelo de zoológico, es “aberrante” que se produzcan episodios como estos, según la coordinadora de la entidad, Rosi Carro, que también es miembro de Libera!, otra entidad animalista. Remarca que los intercambios de animales entre zoos es una práctica habitual que pasa entre las 350 instalaciones de estas características que hay Europa con el fin de reproducirlos, y a veces sin que haya un programa de reintroducción, como es en el caso de los orangutanes del zoológico barcelonés. “Los sacan de un grupo familiar y de repente se encuentran en otro grupo familiar”, de forma que “te integras o te integras”, expone Carro, que es física y ha cursado estudios postuniversitarios en derecho animal y antrozoología.

Los animalistas reclaman más transparencia

Pocos meses antes de llegar Storma, el Zoo se desprendió de dos orangutanes: Sari fue a parar a Dublín y Jingga a Blackpool (Reino Unido). Carro opina que se construye así un modelo “en base a prácticas que a lo largo de la historia parecían correctas”, pero defiende que hay que cambiarlo. “Es forzar lo que tendría que ser un proceso natural a la anti-naturalidad de la cautividad”, sostiene. Reprocha a la dirección del zoológico que no explique las dificultades que se pueden encontrar al integrar animales recién llegados como Storma, y asegura que las dificultades de adaptación que se han hecho patentes sobre este ejemplar no representan un caso aislado. “La información no es transparente”, advierte, hecho ante el cual exige en el Ayuntamiento adoptar “una política de transparencia seria”.

Los orangutanes están especialmente amenazados porque los productores de aceite de palma arrasan las selvas de Malasia o Indonesia, y se quedan sin su hábitat natural. Para Carro, “la única manera de proteger estos animales es proteger la naturaleza”, y critica que “los intercambios de animales son solo para la supervivencia de los zoos”. Considera que impera el criterio de “cuantos más animales puedes tener, más animales puedes ofrecer”, y lamenta que en las tiendas y máquinas de comida del zoológico se vendan muchos productos con aceite de palma. Por su parte, Abelló también hace un grito de alerta sobre la necesidad de proteger estos animales. “Si la gente con los grandes simios no es capaz de empatizar, no lo harán con nadie”, advierte.

Con la mirada puesta sobre la relación fraternal que mantienen Locky y Storma, insiste en el hecho de que estos animales “son los mejores embajadores de su hábitat natural”, pero discrepa de la visión de los animalistas. “El problema no es el Zoo de Barcelona, sino que la gente tiene que cambiar de actitud”, argumenta. Con los intercambios se intenta garantizar la diversidad genética de las comunidades, y justifica reproducir los orangutanes en la capital catalana para intentar mantener “una población sana fuera de su hábitat” y para que las generaciones futuras no puedan decir nunca que no se hizo todo lo posible para preservar estos animales. Sin embargo, por ahora “no hay ningún programa de reintroducción serio que esté coordinado con los zoos”, según admite.

Los ejemplares del zoológico barcelonés no se podrían soltar en la selva porque no resistirían el hecho de pasar de estar en cautividad a la vida salvaje. En todo caso tendrían que ser sus descendientes los que se podrían reintroducir en el hábitat natural, pero sería todo un trabajo a largo plazo. Por ahora en el Zoo de la capital catalana siguen intentando que las hembras puedan volver a convivir con el macho. Abelló se muestra convencida de que Storma acabará copulando con Karl. También Jawie, que ya ha tenido hijos con él, volverá de nuevo, añade. En la plataforma ZOOXXI insisten en pedir que se paren los programas de reproducción en los zoológicos europeos y que se opte por trabajar en la conservación in situ.

El reto de adaptar el Zoo a los nuevos tiempos

La conservadora de primates del Zoo, Maria Teresa Abelló, asevera que “no enviar a un animal a un programa de reintroducción no quiere decir que no se esté trabajando en conservación in situ”, pero no detalla ninguna iniciativa sobre orangutanes en la cual esté involucrado el zoológico barcelonés. Rosi Carro, de la plataforma ZOOXXI, cree que la mejor manera de actuar es hacerlo con entidades locales de los hábitats donde estos primates están amenazados y hacer que esta tarea se visualice en el zoo de la capital catalana con tecnologías inmersivas, o sea instalar pantallas que permitan mostrar el espacio natural de los animales como si se estuviera allÍ.

De hecho, esta idea es una de las que vehiculan la iniciativa ciudadana que ha impulsado la entidad animalista para adaptar el zoológico al siglo XXI y el Ayuntamiento, que ya hace muchos meses que la tiene sobre la mesa, ya ha empezado a ir en esta dirección. Abelló expone que ya se ha recorrido mucho camino para dejar atrás prácticas del pasado. Ella empezó de voluntaria a mediados de los años 80, cuando había animales muy apreciados entre los visitantes, como Copito de Nieve y la orca Ulises.

En aquellos tiempos todavía se daba “leche con pan” a los primates, rememora, y era habitual que los animales estuvieran en jaulas de pequeñas dimensiones. Desde el 2015 los orangutanes del Zoo de Barcelona disponen de una nueva instalación de poco más de 1.000 metros cuadrados, con varios ambientes, y este año ha sido nominada a los premios FAD de arquitectura. La plataforma animalista incluso cuestiona que un lugar de estas características pueda optar a un reconocimiento con tanto prestigio.

Traducción del artículo publicado en Nació Digital