Susi

Susi

Un grupo de empleados y empleadas del zoo de Barcelona han estado moviendo por las redes este cartel sobre nuestras afirmaciones sobre la elefanta Susi:

Ahora, nosotros responderemos estas cuestiones, una por una y con cimientos:

En 2008 el zoológico de Barcelona tenía dos elefantas: Susi y Alicia. Alicia, la matriarca, sufría problemas digestivos y optaron por eutanasiarla. El proceso de sedación previo (a través de dardos tranquilizantes), se hizo mientras el zoo estaba abierto al público y ante los niños y niñas de la escuela Caridad Serinyana de Cadaqués, que estaba visitando el centro.

“Los niños avanzaban ansiosos a los maestros, parecía que les faltaba tiempo para ver todo. De pronto regresaron nerviosos hacia nosotros, preocupados e inquietos, y nos preguntaron “¿Es de verdad o de mentira?”. No entendíamos a qué se referían hasta que aclararon que hablaban de uno de los dos elefantes del recinto. A lo que nuestra respuesta inmediata fue “¡Pues claro que es real si nos encontramos en un zoo, un espacio donde se exhiben animales vivos! Los alumnos nos insistían “¡Pero es que no lo parece! ¡No se mueve!”. Fue entonces cuando nos acercamos y también los adultos quedamos atónitos: en el limitado recinto había un elefante totalmente inmóvil con la pata trasera izquierda flexionada hacia atrás. Esa imagen era tan inverosímil que realmente parecía una escultura maciza de piedra. El otro elefante estaba agitado y no paraba de moverse: se le veía inquieto y muy alterado. Intentando averiguar qué es lo que pasaba, observamos cuatro dardos tranquilizantes, sedantes o inmovilizantes clavados entre el muslo derecho y la espalda del elefante petrificado” dijo Àngels Pomés, profesora del colegio que presenció el suceso, en esta carta. Desde entonces dejaron de visitar el zoo.

Después de la muerte de Alicia y la experiencia descrita por la porfesora del colegio de Cadaqués, que fue testigo de las horas previas a su eutanasia, desde Libera empezamos a hacer un seguimiento de Susi y su estado anímico con la ayuda de la científica Joyce Poole. Aun así, meses después leíamos en la prensa que el zoo afirmaba que Susi era anciana (lo cual no era cierto) y que por eso estaba deteriorada, a las preguntas que le hicieron los periodistas; también afirmaba que estaban trazando un plan para llevar más elefantes y crear un grupo reproductor. Fue a raíz de esto que de forma inmediata lanzamos la campaña Libera a Susi, una campaña que detonó las falsedades que dijo el zoo ante la prensa.

Susi quedó totalmente devastada, con una tristeza muy evidente. La campaña quería conseguir que fuera trasladada a un santuario. Una campaña que tuvo un eco internacional de preocupación por su estado de salud. El zoo tuvo la oportunidad de hacerlo posible, pero el Ayuntamiento se negó después de la intervención de la EAZA (Asociación Europea de Zoos y Acuarios). Fue en el marco del programa de reproducción EEP (European Endangered Species Programme) de esta asociación que llegaron las otras dos elefantas: Yoyo y Bully. En esta nota de prensa del zoo de Barcelona se informa de la llegada de Bully, indicando que “Su incorporación tiene lugar en el marco del EEP del elefante africano”

“Susi no está enferma”

No decimos que Susi esté enferma ahora. Lo que sí decimos es que la cautividad compromete su salud física y psicológica. La cautividad no es inocua. En este informe científico elaborado por ZOOXXI se puede ver la diferencia entre la realidad de los elefantes africanos salvajes y las tres elefantas del zoo de Barcelona.

La cautividad es la causante de comportamientos estereotipados, que comportan siempre un empeoramiento en la respuesta inmunitaria de los animales, provocando un aumento en la incidencia de ciertas dolencias infecto-contagiosas como por ejemplo herpesvirus, tuberculosis, poliomavirus, problemas podales, etc.

Ciertas estereotípias, como la coprofagia, pueden provocar la infestación en caso de parasitosis, el lanzamiento de la trompa puede provocar daños a nivel de la trompa y a nivel cervical y el paseo aberrante o balancearse puede provocar desgaste energético, desgaste desigual de las zonas plantares anteriores, desarrollo asimétrico de masa muscular a nivel de cuello y/o exacerbación de problemas ortopédicos concomitantes.

Además, según el estudio publicado a la revista Science, los elefantes que pasan su vida en los zoos europeos viven menos años. En cambio, los miembros de esta especie que se encuentran a reservas protegidas tienen menos problemas de salud y pueden ser más longevos. La diferencia puede ser de hasta 40 años.

“Los elefantes son animales sensibles y cariñosos, que tienen todas las emociones de la especie humana, y hemos aprendido a través de la experiencia práctica que la angustia psicológica causada por la pérdida de un ser querido deprime el sistema inmunológico natural de un elefante e incluso amenaza su vida. Ha habido casos en los cuales los elefantes en cautividad han intentado suicidarse a través de la depresión y la miseria” afirmaba la Dra. Daphne Marjorie Sheldrick, experta en la crianza y la reintroducción de elefantes huérfanos en la naturaleza durante más de 30 años en su declaración jurada al zoo de Barcelona.

Estas elefantas no llevan una vida llena acuerdo a su etología, sin poder realizar ningún comportamiento natural.

“Susi no está triste”

Un elefante nunca podrá ser feliz en cautividad, simplemente no están adaptados para una vida en un zoológico urbano. Los elefantes africanos caminan entre 50 y 80 kilómetres diarios y viven en grupos de 20 o más individuos.

Varios expertos coinciden en lo que los elefantes necesitan para poder desarrollarse correctamente:

“Para que un elefante se desarrolle correctamente, tenemos que dejar que los elefantes sean elefantes. Lo que necesitan es lo que la natura les ha dado: familia, espacio, autonomía, la estructura de vivir en un ambiente salvaje que les permite desarrollarse en la naturaleza real de lo que es su especie. Cuando los sacas de allá y los pones en cautividad, ni la medida ni la estructura social ni la estimulación psicológica que les aportes mediante estimulación artificial, podrán acercarse a sus necesidades básicas. No importa lo que hagamos en cautividad, no podemos facilitarles todo lo que les da la naturaleza” Scott Blais, co-fundador del Santuario de Elefantes de Tennessee y Presidente del Global Sanctuary for Elephants que gestiona el Santuario de Elefantes Brasil.

“Lo primero que necesitan los elefantes es autonomía. El elefante tiene derecho a tomar sus propias decisiones en su vida, tan simples como por dónde andar, dónde dormir, dónde estar… También necesitan espacio, son animales migratorios que andan entre 50 y 80 kilómetres diarios junto con sus familias. Necesitan un hábitat que sea tan interesante como el que tienen a la naturaleza, un hábitat diverso que les mantenga activos. Necesitan la convivencia con individuos compatibles, parientes o familiares. En cautividad, viviendo en un espacio que ni mucho menos cubre sus necesidades se vuelven prisioneros” Carol Buckley, fundadora de Elephant Aid International y cofundadora del Santuario de Elefantes de Tennessee.

“Ninguna situación de cautividad, por muy atractiva que pueda parecer a ojos humanos, puede ofrecerle a un elefante el espacio que necesita para una calidad de vida mínima. Mil millas es solo un pequeño paseo para un elefante”, afirmaba la Dra. Sheldrick.

“Susi está muy bien cuidada”

No importa los cuidados y la buena voluntad que pongan los cuidadores y cuidadoras del zoo. Como hemos dicho, los elefantes no se adaptan a los zoos urbanos y nunca podrán desarrollarse correctamente en cautividad.

“Conocí a Susi hace unos años cuando visité Barcelona. Me entristece mucho ver animales como ella, se supone que tendría que estar con los miembros de su familia. Susi está aburrida y probablemente psicótica. Tenía un comportamiento estereotipado que nunca se ve a la natura, simplemente no existe. Estamos documentando todo el comportamiento natural de los elefantes, no hay nada como las estereotipias” Joyce Poole, co-fundadora y co-directora de Elephant Voices.

En el artículo publicado recientemente en la página web del zoo de Barcelona donde explican la historia de las tres elefantas, afirman que, a la llegada de la Yoyo, “el Zoo contactó con uno de los mejores expertos en elefantes cuidados por humanos del mundo, Alan Roocroft, para asesorar al equipo de Barcelona”. Este “profesional”  coescribió en su libro “Managing Elephants” la siguiente afirmación:

“Cuando se administra un castigo corporal a un elefante, tiene que ser lo suficientemente enérgico para que el elefante lo perciba como castigo. El entrenador tiene que intimidar al animal para adquirir una posición dominante. El reclutamiento de un animal potencialmente hostil necesita al menos un equipo de ocho personas, preferiblemente 10, para asegurar que haya fuerza suficiente. Una vez inmovilizado, el elefante puede ser objeto de castigo con una vara de madera”.

Hoy en día estas prácticas no son aceptadas, obviamente, y este señor ha tenido que adaptarse a los tiempos. No obstante, sólo hay que consultar su sitio web actual y ver como en su home queda claro lo que suponen para él los elefantes “Elephant Business Inc”

“Susi vive en familia”

Susi vive con  Yoyo y Bully. Tres elefantas, cuando a la naturaleza formarían grupos de más de 20 individuos. Además, Susi, Yoyo y Bully son tres soledades que rara vez interactúan entre ellas.

Durante su visita al zoo de Barcelona, Carol, afirmó lo siguiente sobre la interacción entre ellas:

“No interaccionan entre ellas. No creo que sea porque no se gustan o no se caen bien, sino porque no están, no interaccionan con nada, son como zombies”.

Scott dijo el siguiente:

“Parecen elefantes, pero no tienen el espíritu de lo que son los elefantes. No tienen dinámica familiar, son tres elefantas que viven juntas pero en mundos solitarios dentro de ellas mismas. No son elefantas, ya ni siquiera se acercan a ser seres vivos, están encerradas dentro de ellas mismas.”

“El zoo de Barcelona le da una vida muy digna”

Ningún animal encerrado en un zoo por motivos únicamente mercantilistas puede tener una vida digna.

“La cautividad afecta cada aspecto de quién son, y todo por el entretenimiento humano. Lo que pasa en cautividad es que verdaderamente destruimos las vidas de estos elefantes.” Scott Blais

“Ningún zoológico urbano en el mundo actualmente satisface adecuadamente las necesidades de los elefantes. Los intentos de hacerlo mediante la creación de pequeños grupos de individuos dispares, en pequeñas exposiciones de unos pocos metros son totalmente inadecuados y éticamente cuestionables. No hay evidencia de que mantener a los elefantes en los zoológicos urbanos de alguna manera aliente a las personas a que se preocupen los suficiente por los elefantes como para que realicen acciones significativas para ayudar a su bienestar y su conservación. Esto solo tendría que poner en entredicho la posibilidad de continuar manteniendo elefantes en el zoológico de Barcelona” decían Peter C. Stroud, consultor de zoológicos, y el Dr. Robert Atkinson, responsable de vida silvestre en la Real Sociedad para la Prevención de la Crueldad hacia los Animales, en su carta a Ignasi Cardelús, que era el delegado de Presidencia y Relaciones Institucionales y presidente del Zoo en el Ayuntamiento de Barcelona.

El estudio realizado por especialistas del elefante africano de la UICN, “Declaración y resoluciones sobre el papel de las instalaciones en cautiverio en la conservación in situ de los elefantes africanos” concluye que “No ven ninguna contribución efectiva de la especie a través de la cría en cautividad”

Bob Jacobs, neurocientífico estadounidense que ha centrado su investigación en las neuronas de la corteza cerebral de los elefantes, ha encontrado que el córtex del elefante está estructurado de manera muy diferente al de los primates. Las neuronas de los elefantes tienden a extender sus dendritas más lateralmente de lo que vemos en otros mamíferos, cosa que sugiere que estas neuronas están recogiendo más información de fuentes diferentes. En comparación, el córtex de los primates parece estar orientado de manera más vertical, y sus neuronas recogen información de un campo más estrecho. Esto nos lleva a especular, basándonos en la observación de la conducta de los elefantes, que éstos son animales más contemplativos, que se toman su tiempo para evaluar su entorno.

Los estudios indican que la cautividad, especialmente para animales grandes, es un tipo de entorno empobrecido. Un entorno empobrecido tiene efectos perjudiciales en el cerebro. Las neuronas de los animales que viven en entornos empobrecidos tienden a ser mucho menos complejas que las de animales en entornos complejos. Como tal, la cautividad no es buena para el animal ni físicamente ni a nivel neuronal ni para el bienestar mental del animal.

“El zoo de Barcelona las ha rehabilitado”

Solo con una visita rápida a la instalación de las tres elefantas nos damos cuenta de que las tres están lejos de estar rehabilitadas. Las tres presentan preocupantes comportamientos estereotipados fruto de la inadaptación.

De hecho, en el 2010 Joyce Poole visitó a las elefantas y redactó esta carta al director del zoo del momento, Miquel Trepat, sobre la situación de las elefantas. En ella destacan las siguientes afirmaciones:

“En un espacio como el que proponen es imposible introducir el tipo de ocupaciones mentales, de las interacciones sociales y la búsqueda natural de alimentación que tendría que constituir la esencia de la vida de un elefante”.

“El impacto de la vida en cautividad puede verse en el comportamiento, la postura y las expresiones de estos dos elefantes. Yoyo pasa la mayor parte de su tiempo balanceando su cabeza arriba y abajo, mientras que Susi se dedica a andar de ida y vuelta en un círculo establecido o a estarse de pie ante la puerta moviendo la cabeza de un lado a otro”.

“Simplemente no creemos que el Zoo de Barcelona sea capaz de ofrecer a estos inteligentes y socialmente complejos animales lo que necesitan para prosperar”.

8 años más tarde, Carol Buckley hizo la misma visita, y sus comentarios no distan mucho de los de Joyce:

“La ampliación de la instalación no mejorará el bienestar de las elefantas. No entiendo porqué los zoos nunca contratan o piden asesoramiento a profesionales sobre bienestar animal, supongo que es porque no podrán abarcar las medidas suficientes para garantizar el bienestar. La emoción de los elefantes para conocer algo nuevo dura 50 minutos, a no ser que haya alguien estimulándoles todas las horas del día esto sería imposible”.

“Su salud física y psicológica se ve gravemente afectada. Se tiene que tomar una decisión sobre el futuro de Susi basada en la compasión, la dignidad y el respeto hacia los seres que sufren, y Susi está sufriendo”, decía en Mark  Beckoff, profesor emérito de ecología y ecología evolutiva (EEB) de la Universidad de Colorado, a su carta a Ignasi Cardelús y a Jordi Hereu.

En 8 años lo que ha hecho el zoo no sirve de nada, ha sido un gasto enorme de dinero público solo para engañar a la sociedad, que desconoce las auténticas necesidades de los elefantes.

A menudo el zoo justifica las actuales estereotípias de las elefantas diciendo que las tienen por su pasado. Carol afirma esto al respeto: “Las estereotípas salen por el estrés del momento. Cuando en un santuario hace frío y los elefantes deciden voluntariamente entrar en la instalación cubierta presentan estereotípias porque, a pesar de que haya sido la mejor decisión, no es lo que harían de forma natural. Después, cuando vuelven a salir se comportan de forma normal. De forma que las estereotípias que tienen son las que le provocan el estrés que sufre en el momento. Lo primero que se tiene que hacer es descubrir la razón por la cual un elefante tiene este comportamiento estereotipado. Si el zoo identificara la fuente del estrés y lo pudiera solucionar, el animal cambiaría su comportamiento”

“Qué diferencia hay con un santuario”

Esta afirmación es casi insultante. Esto es lo que dicen los expertos y expertas al respeto:

“Todo es diferente entre un santuario y un zoo. La única similitud, lo único que es idéntico es que tienes animales en cautividad. Los santuarios son cautividad, una cautividad preciosa, pero que aun así es cautividad. Y esto es lo único que tienen en común los zoos y los santuarios. El resto de aspectos son diferentes, y las diferencias empiezan en que los santuarios proporcionan a los elefantes un espacio seguro y amplio que los nutre. La diferencia más grande, la que tiene más impacto en los elefantes es la profundidad de la autonomía significativa. Sin lugar a dudas, todos los elefantes se pueden adaptar y pueden disfrutar y transformarse en un santuario. Un santuario cambia las vidas de los animales de una manera que muchos trabajadores de un zoo no podrían imaginar” Scott Blais.

“En un santuario dejan de tener estereotípias. A pesar de que muchos comparten un pasado similar, cada elefante es diferente y sus experiencias individuales causan diferentes grados de estrés y traumas. Por mi experiencia en el rescate de 24 elefantes en el santuario, si un elefante tiene acceso a un hábitat donde tenga autonomía para tomar sus decisiones, verás la reducción de su comportamiento estereotipado, hasta eliminarlo en la mayoría de los casos. En un santuario un elefante tiene la libertad de ser un elefante. Esto no lo tiene a un zoo” Carol Buckley.

Todo cambio de justificación es en realidad una excusa

El zoo ha cambiado de posición a los últimos años respecto a sus intenciones con las elefantas. De hecho, hasta hace poco justificaban la presencia de elefantes en el zoo para criarlos, tal como dice el veterinario Conrad Enseñat en esta entrevista de la TV Animalista (min. 2:40 – 3:28):

“De hecho, lo que el zoológico pretende a la larga es tener un grupo de elefantes reproductores a largo plazo, con modificaciones en la instalación igual que tenemos el resto de especies dentro de los programas europeos de cría. Los elefantes viven en familias matriarcales y lo que se está haciendo en estos momentos es tender a aumentar el número de hembras conjuntas para permitir que tengan una estructura social normalizada”

Sobre esta entrevista reflexiona el portavoz de ZOOXXI, Leonardo Anselmi: “Estas afirmaciones hay que explicarlas bien, hay que saber leerlas, porque ponen en manifiesto la descomunal chapuza que se ha hecho en el zoo históricamente con las elefantas. Tuvieron la oportunidad de descatalogar la especie cuando el mundo nos miraba y esperaba que tomáramos la decisión correcta, pero la perdimos para siempre: decidieron mantener a Susi en el zoo e incluso empeorar la situación, trayendo todavía más paquidermos al recinto y teniendo que dividir el ya acotado espacio del que disponían. En el vídeo, el conservador habla de traer incluso un macho africano y ¡eso es absolutamente delirante!, gestionar esos animales es realmente muy complejo y necesita de muchísimo espacio, el que habría que quitar a otros animales que ya hoy no tienen ni el mínimo para moverse. Pero es que además de eso se debe tener en cuenta que los programas de cría de elefantes africanos son un rotundo fracaso en los zoos, la mayoría de las crías mueren siendo muy jóvenes y nunca jamás ningún zoo de ningún lugar del mundo pudo reintroducir crías en la naturaleza. Luego se habrán arrepentido de semejante delirio, el que dijeron y mantuvieron hasta hace 3 años, pero del arrepentimiento no se ha dicho ni una palabra, ni pidieron disculpas a nadie ni se retractaron, porque eso supondría preguntarnos “¿para qué las mantenemos entonces aquí?”… Ahora, de la noche a la mañana, van y dicen que eso es un santuario, comparando esos miserables metros de terreno urbano con las 1.200 hectáreas del santuario de elefantes de Brasil en plena naturaleza del Mato Groso, por poner un ejemplo. Realmente creo que han perdido la poca cordura que les quedaba” .